¡Qué bien sienta puzzlear!

A estas alturas del juego, seguro que ya estás familiarizado con los numerosos beneficios que tienen los puzzles para los niños, con las virtudes de jugar en familia e incluso con los efectos positivos que los hobbies ejercen sobre tu salud. Quizá lo que no sabes son los efectos positivos que tienen los puzzles en tu bienestar. Sí, has leído bien, los puzzles te ayudan a reducir el estrés y aumentar la confianza en ti mismo. A riesgo de sonar grandilocuentes, los puzzles no son solo un alimento para el cerebro sino que también alimentan el alma.

  • Empecemos por el estrés. Aunque mientras estás montando un puzzle puedes experimentar momentos de frustración, e incluso te enfadas contigo ¡y con nosotros!, la sensación de logro que consigues al acabarlo provoca una reacción química en tu cuerpo que contrarresta el estrés que hayas podido sentir con anterioridad. Y lo que es aún más importante, podrás recrear esta sensación la próxima vez que te enfrentes a una situación frustrante. Tu esfuerzo se verá recompensado.

 

  • Cuando montas un puzzle te conectas con algo que te hace sentir bien. Los puzzles que eliges reflejan tu personalidad y tienen un significado especial para ti. Acabar un puzzle, o incluso colocar una pieza en su lugar correspondiente, genera sensación de satisfacción y estimula la segregación de dopamina, una hormona que aumenta la capacidad de memorización y de aprendizaje.

 

  • La sociedad actual nos bombardea constantemente con numerosos estímulos. Cuando estamos ocupados en alguna actividad, nuestro cerebro ya está preparándose para la siguiente. Los puzzles ayudan a centrar tu mente y a que te concentres en lo que estás haciendo en ese momentos (el puzzle). Seguro que te suena el concepto de “mindfulness” (prestar atención de forma consciente al momento presente). Los puzzles son una herramienta excelente para que te centres en el aquí y ahora.

 

  • Te ofrecen una oportunidad de usar tus manos y tu cerebro simultáneamente. La sensación de bienestar que consigues cuando haces algo con tus manos, ya sea un puzzle o colgar un cuadro perfectamente, es difícil de sentir con otro tipo de actividades. Al montar un puzzle utilizamos ambos hemisferios cerebrales a la vez. Esto crea conexiones nuevas entre ellos, así como entre las células. Al trabajar con ambos lados simultáneamente, el cerebro pasa del estado Beta al Alpha, que es el estado en el que se encuentra nuestro cerebro cuando soñamos. En este estado nos adentramos en nuestro subconsciente. De forma natural, los puzzles nos inducen a entrar en un estado de creatividad y de concentración en el que se producen conexiones a nivel profundo.

 

  • Facilitan la aceptación y te vuelven más comprensivo y paciente. El hábito de armar rompecabezas te ayuda a la hora de organizar tus percepciones del mundo y de encontrar sentido a lo que pasa a tu alrededor. Además, aprendes que la paciencia y el esfuerzo tienen su recompensa. Montar un puzzle de 2.000 piezas no se hace en un día (ni en dos) pero cuando tu perseverancia da resultado… ¡no hay mejor sensación!

 

  • Te conectas con otras personas. Aunque muchos creen que hacer puzzles es siempre un placer solitario, no es cierto. Mucha gente hace puzzles en pareja o en familia. Además, muchos amantes de los puzzles acaban buscándose y encontrándose, tanto online como offline, ya sea para compartir anécdotas o trucos, como para pedir consejo.

 

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Los puzzles pueden entenderse como una metáfora de la vida. Los retos a los que nos enfrentamos en nuestros trabajos, nuestras relaciones personales, e incluso nuestros problemas de salud pueden dejarnos confusos y sobrepasarnos. Todos ellos se asemejan a las piezas sueltas de un puzzle: todas inconexas y sin un claro punto de partida. Mientras nuestra mente está concentrada en resolver un puzzle estamos sumidos en un estado de concentración meditativa ya que estamos llevando el foco de nuestro subconsciente de un estado de confusión a uno de trabajo proactivo que busca una solución. Lo mismo puede aplicarse a la vida. Estamos “renovando nuestro cableado” para conseguir una visión más equilibrada de la misma, teniendo en cuenta todas “las piezas” y cómo encajan entre sí. Empezamos a establecer conexiones entre eventos que hasta entonces no nos parecían relacionados como, por ejemplo, nuestro estado de ánimo y nuestra salud. De este modo, podemos empezar a ver patrones que nos ayudan a encontrar soluciones.

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