Montmartre

Repleto de callejuelas y rincones con encanto, el barrio de Montmartre es sin duda una de las zonas más encantadoras y auténticas de la ciudad de París. Este lugar consigue fascinar al que lo conoce por primera vez y sorprender siempre al que repite.

Hasta el año 1860, se trataba de una población independiente, hasta que en esa fecha pasó a formar parte del entramado de barrios de la capital francesa.

A comienzos del siglo XX se instalaron allí muchos empresarios del mundo de la noche y se abrieron burdeles y cabarets, por lo que adquirió mala reputación y no era un barrio muy bien visto. Sin embargo, algunos artistas que apreciaban el encanto y la singularidad de ese lugar apostaron por él y se trasladaron allí, pasando a ser un distrito moderno y bohemio, y transformándolo en el fantástico lugar que podemos disfrutar hoy en día.

Su propio nombre (Mont – monte) indica que se trata de una colina elevada de 130 metros de altura, lo que le permite al icónico Montmartre no solo ser el lugar donde se establece la majestuosa basílica del Sacré Coeur, sino ofrecer una maravillosa vista panorámica de la ciudad.

Sacre Coeur

Los mercados, ferias de artesanía e incluso viñedos urbanos que se pueden encontrar por sus concurridas callejuelas adoquinadas parecen fotografías en sí mismas.

Merece la pena calzarse unos zapatos bien cómodos y patear cada rincón, llenos de coquetas cafeterías, singulares boutiques y auténticas boulangeries (panaderías).

Montmartre se comprende de dos espacios muy diferentes. Por un lado está la zona que recuerda a ese tiempo de los cabarets y la magia nocturna, repleto de luces, y con algunas salas de fiestas aún vigentes. Son las proximidades de la plaza Pigalle, donde podemos encontrar el famosísimo Moulin Rouge, que identificaremos fácilmente, pues ha sido el escenario de películas memorables de la historia del cine. Sus espectáculos congregan allí a multitud de turistas noche tras noche.

moulin rouge

Otro barrio completamente diferente parece ocultarse tras la subida de nada menos que 197 peldaños de una larga escalinata (para los más perezosos, existe un funicular). A ese otro lado se encuentra la parte más encantadora y con sabor de Montmartre, la de la Place du Tertre. En ella podemos disfrutar de un auténtico crêpe francés en alguna de sus terrazas o contemplar las pinturas de los artistas callejeros.

¿Quieres enamorarte en Montmartre? Móntalo tú mismo y descubre por qué querrás verlo cada noche…

 

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