DINER, ¿DESAYUNAS O ALMUERZAS?

Si alguna vez has visto una película americana (dentro risas sarcásticas), entonces has visto un diner. Desde series como Sensación de vivir a películas como El día de la marmota pasando por Reservoir Dogs, Uno de los nuestros, Regreso al futuro o la mítica escena de Cuando Harry encontró a Sally en la que el personaje de Meg Ryan finge un orgasmo en uno de estos locales, por no hablar de la película de culto de los 80 Diner, aunque nunca hayas puesto un pie en uno de ellos, seguramente tienes al menos una ligera idea de su aspecto.

 

¿Qué es un diner?

Se trata de un establecimiento típico de los EEUU. Es frecuente encontrarlo en el medio oeste, Nueva York, Pensilvania y demás áreas de la costa este. El auténtico diner consiste en una estructura prefabricada, en la que se van a servir comidas, que se transporta a una ubicación donde se instala permanentemente. Actualmente, ya no hace falta que los diners sean prefabricados y se denomina así a cualquier restaurante que sirve un estilo de comida similar a la de los diners originales.

El diner se caracteriza por ofrecer una gran variedad de platos, un ambiente informal, un mostrador alargado y por abrir las 24 horas o hasta muy entrada la madrugada. En los años 20 solían parecerse a (¡o ser!) un vagón de tren o tranvía y se caracterizaban por un exterior de acero inoxidable. De esa semejanza con el vagón ferroviario se acuñó la palabra diner, por “dining car” (vagón restaurante).

Richard Gutman, experto entre expertos en este tipo de locales, los describe como “un lugar amable, normalmente operado por una familia y con un único propietario, que sirve comida sencilla, casera, fresca y a un precio razonable. Una experiencia rápida, pero no anónima”. Lo contrario a los fast-food.

 

Un poco de historia

Los orígenes del diner se atribuyen a Walter Scott, un emprendedor de Providence, Rhode Island, que tuvo la brillante idea de vender café y bocadillos que llevaba en una cesta a los trabajadores del turno de noche de los periódicos y a los hombres que frecuentaban los clubs solo para caballeros. En 1872, su negocio había conseguido tanto éxito que abandonó su trabajo en una imprenta y empezó a vender comida desde un coche de caballos que aparcaba enfrente de las oficinas del Providence Journal.

Su idea inspiró a otros a seguirle los pasos y poco a poco esos coches fueron convirtiéndose en espacios más sofisticados e incluso empezaron a fabricarse ex profeso. Durante la última parte del siglo XIX empezaron a extenderse por Nueva Inglaterra donde su popularidad fue en aumento debido a que eran el único establecimiento en el que se podía comer un plato caliente a cualquier hora del día o de la noche (los restaurantes convencionales cerraban a las 8 de la tarde). A medida que los coches de caballos desaparecían de las calles para ser remplazados por modelos eléctricos, muchos de esos coches obsoletos se reconvertían en diners pero como la mayoría de los propietarios se preocuparon más de ganarse la vida que de mantener los coches, rápidamente adquirieron fama de locales poco salubres y menos recomendables.

A partir de 1920 las cosas cambian. Los propietarios deciden limpiarle la cara al diner para atraer a las mujeres y además empiezan a incluir comodidades como lavabos, mesas o una mayor variedad de platos (la mayoría a la plancha). Que se asemejaran a un vagón de tren y empezaran a llamarse diners se debe a estos esfuerzos por mejorar su reputación.

En los años 30 su look se moderniza y sobreviven a la Gran Depresión gracias a sus precios económicos. Cuando a finales de los 30 y principios de los 40 se remplazan los tranvías por autobuses aparece una nueva oportunidad de incorporar esos vehículos al servicio de la restauración.

Después de la II Guerra Mundial, los diners se pusieron más de moda que nunca y empezaron a incorporar las innovaciones tecnológicas de la época.

A mediados y finales de la década de los 50, llega la edad espacial y con ella una nueva moda en la imagen de los diners, pero con la llegada de los fast-food unos años más tarde los primeros entran en decadencia y no vuelven a sobreponerse hasta los años 70 cuando los americanos empiezan a verlos como un símbolo de los valores de antaño en una época de zozobra e inseguridad.

Hoy en día los diners se han convertido en establecimientos en los se reúne gente de todos los estratos sociales para compartir una comida casera en una atmósfera agradable y a un precio asequible.

Pero si se quiere degustar el sabor de lo auténtico se puede hacer en Casey’s, un establecimiento de Natick, Massachusetts, que es el diner más antiguo aún en funcionamiento y en manos de la misma familia desde hace cinco generaciones. Empezó en 1922 como un vagón restaurante tirado por caballos y cinco años más tarde Fred Casey lo compró y se lo llevó a su actual ubicación, a unos 6 km del lugar original.

 

¿Qué me servirán?

Los precios y el menú de los diners suelen ser bastante consistentes, sobre todo dentro de una misma región, pero a la vez, ofrecen más heterogeneidad de la que uno encuentra en un restaurante de comida rápida. Todos se parecen pero ninguno es igual a otro.

Normalmente sirven cocina típicamente americana: hamburguesas, patatas fritas, sándwiches, rosquillas, panqueques, huevos, perritos calientes, pollo frito, hash browns, tostadas y torrijas. Nunca te quedarás sin café, aunque no sea un café de gran calidad (nada de espresso, aquí el café que siempre llena tu taza es del tipo americano, ya sabes, poco café y mucha agua).

Muchos no sirven alcohol y tienen sus postres alineados tras mostradores transparentes. No te sorprendas si se te van los ojos detrás de un trozo de cheesecake o de la multitud de tartas que seguro vas a encontrarte.

Algunas nacionalidades se han introducido en el mundo del diner e incorporado nuevas recetas al menú. Es muy común encontrar este tipo de establecimientos regentados por griegos, judíos, polacos o italianos y poder comer en ellos musaka, blintz, sopa de matzo o lasaña.

Y para que puedas moverte en un diner como lo haces por una cafetería cualquiera de por aquí, un pequeño regalo en forma de diner lingo:

• Moo juice = leche.
• Battery acid = zumo de pomelo.
• Nervous pudding = gelatina.
• Ant paste = puding de chocolate.
• Red paint = ketchup.
• Butcher’s revenge = pastel de carne.
• Frog sticks = patatas fritas.
• Eternal twins = jamón y huevos.
• Virtue = tarta de cereza.
• Eve = tarta de manzana.
• Adam and Eve on a raft = huevos pochados con tostada.

 

Nosotros no podemos servirte la comida, pero con este puzzle puedes transportarte a un lugar de América donde nunca tendrás que preocuparte por si llegas tarde para desayunar o temprano para almorzar.

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