¿Son los perros y los gatos enemigos irreconciliables?

Todos hemos oído la expresión “llevarse como el perro y el gato”, es decir, tener una mala relación, perseguirse y detestarse. Pero ¿es realmente cierto que los perros y los gatos son enemigos irreconciliables? Como en la película Como perros y gatos en la que un malvado gato urde un complejo y maquiavélico plan para acabar con los perros y, de paso, con la humanidad, de manera que los valientes canes ponen a los mejores de su especie a la cabeza para defenderse del ataque. ¿Están los perros y los gatos condenados a odiarse por siempre jamás?

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Veamos algunas diferencias entre ambos y también cómo podemos hacer para que sean capaces de convivir bajo el mismo techo. Pero primero, una breve definición de cada especie:

  • Los gatos pertenecen a la familia de los felinos; son esbeltos, inteligentes, rápidos, muy ágiles, territoriales y cazadores natos.  Recordemos que también son felinos los leones, los tigres, los pumas y los jaguares, entre otras especies.
  • Los perros son de la familia de los cánidos; son depredadores, como los lobos, los chacales o los zorros. Poseen un gran olfato, de hecho es su principal órgano sensorial. También tienen un oído finísimo y son protectores por naturaleza.

 

Ambos conviven con los humanos desde hace miles de años. Los perros empezaron a ser adiestrados por los humanos nada menos que en el paleolítico. Los gatos han estado presentes con una enorme importancia en civilizaciones tan relevantes como la del antiguo Egipto, donde se trataba de un animal sagrado.

Algunas diferencias fundamentales entre los perros y los gatos:

Cuando un gato te lame, notarás una curiosa lengua rasposa, como una lija suave. Esto es para ayudar a asimilar los alimentos y para retirar el pelo o acicalarse, un acto que forma parte del aseo diario de los gatos. Por ello, si un gato te lame te estará tratando como a uno más de los suyos, te está aseando y acicalando igual que las madres hacen con sus gatitos o entre iguales que se profieren afecto. Sin embargo, cuando un perro te lame, te está demostrando su profundo amor, y de alguna forma te reconoce como líder.

Hemos dicho antes que los gatos son territoriales. Por eso, cuando un gato se frota o se restriega contra ti, te está marcando, te está colgando un cartel invisible que dice “esta persona es de mi propiedad”. Vamos, que formas parte de su territorio.

Para los perros, el lugar donde habitan, es decir, tu propia casa, es eso, la casa del humano, en la que el humano es el dueño y señor, y ellos están de alguna forma a su servicio. Para un gato, el dueño de la casa es él y comparte su espacio con el humano.

Los perros son fáciles de adiestrar, porque comprenden los castigos y también atienden a las recompensas cuando hacen algo bien.  Se dice que los gatos son el único animal doméstico sin domesticar, es decir, que tienen su carácter y es algo complejo educarles, aunque con paciencia y esmero es posible lograr que asimilen algunas normas. Eso sí, pocas veces comprenden lo que es un castigo. Sin embargo son más receptivos a los estímulos positivos o premios.

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Los perros suelen tener mayor actividad durante el día y sus horarios son más parecidos a los nuestros. Es fácil que un perro duerma plácidamente toda la noche de un tirón. Sin embargo, los gatos pueden dormir muchas horas durante el día, aunque suelen estar en constante alerta y se despiertan con facilidad. También es muy común que se activen por la noche. Además, poseen una buenísima visión nocturna, por lo que para ellos desenvolverse en la oscuridad no supone ningún problema.

Tanto el maullido de los gatos y el ladrido de los perros nos revelan información interesante. Los gatos han desarrollado diferentes formas de maullido y ronroneo, que utilizan sobre todo para comunicarse con los humanos (y menos entre ellos mismos). Por ello pueden utilizar un tipo de maullido para llamar nuestra atención, otro para demandar alimento o atención, o incluso para expresar cuando están molestos por algo (y todos ellos también a diferente volumen). El ronroneo normalmente refleja que están extremadamente a gusto y relajados. Por el contrario, emitirán un contundente bufido si se sienten agredidos o quieren defenderse.  Sin embargo, el sistema de sonidos que realizan los perros es más parecido, salvando las distancias por supuesto, a la manera que tenemos nosotros de expresarnos. Por ejemplo los perros son capaces de emitir ladridos de diferente intensidad (se han detectado entre 7 y 10 ladridos diferentes en función de lo que desean expresar: aviso, invasión del terreno, miedo, juego, irritación, frustración o llamada de atención), y gruñidos, para expresar malestar, aullidos para mostrar desasosiego, jadeos cuando están cansados o excitados, algunos emiten una especie de alaridos o gritos, y casi todos suspiran con mucho sentimiento. Por ello, tanto en el caso de los perros como en el de los gatos, hay que estar atentos y aprender a descifrar el significado que nuestro amigo haga en cada momento.

Otra gran diferencia es que los gatos tienen siete vidas, y los perros no. Esto, obviamente, es un mito y lo que ocurre es que han desarrollado un mecanismo mediante el cual son capaces de girar sobre sí mismos y caer siempre sobre sus cuatro patas, independientemente de la altura desde la que caigan y de la postura que tuviesen al comenzar el descenso. El caso es que en el trayecto son capaces de hacer tan compleja pirueta para salvar su vida. El perro no posee esta habilidad.

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Algunas claves para que perros y gatos convivan en armonía:

No es que sean enemigos en realidad. Son diferentes especies con muchas diferencias, aunque también con algunas semejanzas. Pero ambos son los dos principales compañeros del hombre, de ahí esta rivalidad.

Es cierto que los perros, que son protectores y cazadores, persiguen a los gatos, y que los gatos, que suelen ser más ágiles e inteligentes, les den esquinazo y en ocasiones, les tomen un poco el pelo. Lo mejor que podemos hacer si queremos tener un perro y un gato en nuestro hogar es criarlos a ambos juntos desde pequeñitos. De esta forma, ambos considerarán que pertenecen a la misma familia (o manada) y se creerán semejantes.

Si por el contrario introducimos un gato en una casa previamente perruna, deberemos estar seguros de que el carácter de nuestro perro vaya a permitir esta incorporación y prestar muchísima atención al comportamiento de ambos. Lo ideal es ir juntándoles a ratitos, poco a poco y siempre bajo nuestra supervisión, para que vayan asociando los olores.

Como los gatos son territoriales, lo ideal es que en un principio el gato nuevo permanezca en una habitación o lugar recogido de la casa, para que vaya acostumbrándose primero a ese espacio, con los sonidos y con los olores, y así vaya tomando confianza.

Nuestra calma, firmeza y el volumen de nuestra voz serán cruciales para llevar a buen puerto la relación gatuno-perruna. Debemos mostrarnos con una voz agradable cuando estemos entre ambos, pero firme a la vez. Reprender si alguno de los dos muestra signos de agresividad y regañarles si es necesario. Solo así entenderán si lo que están haciendo es correcto y cómo deben comportarse. En definitiva, debes mostrarte como el líder de la manada y que ellos lo tengan claro.

Como veis la paciencia, la constancia y el amor son los 3 ingredientes fundamentales para que la cosa salga bien pero, en definitiva, la respuesta a la pregunta que planteábamos al inicio es un no rotundo. Los perros y los gatos pueden llevarse fenomenal y, si no, ¡mira estos puzzles tan tiernos!

 

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