El mantón de Manila
Aunque también hay quien dice que los mantones comenzaron a ponerse de moda en México donde también tuvieron muy buena acogida. Recordemos que se trata de una época en la que el comercio marítimo era muy habitual y las colonias españolas estaban a uno y otro lado de los hemisferios terrestres. Dos puntos de parada de las rutas eran México, más concretamente Acapulco, y Sevilla en España (de ahí provenga probablemente la relación del mantón con el mundo flamenco). Sea como fuere, se trataba de algo más que un complemento, era una prenda que añadía elegancia, distinción y categoría a quien la portase.
Para transportar estas prendas tan delicadas desde Filipinas a lugares tan lejanos se creó un sistema de embalaje a la altura de su contenido. Se fabricaban unas hermosas cajas de madera lacada y pintadas en dorado, talladas a mano y con incrustaciones, también con motivos orientales. Dentro de ellas, se introducía otra caja de cartón recubierta en tela donde se guardaba el mantón perfectamente doblado. Piezas únicas que llegaban a su destinataria en perfectas condiciones de conservación.
Poco a poco, y mediante otro tipo de fabricación menos artesanal, esta prensa pasó de ser exclusiva a popularizarse. Esto provocó que la burguesía dejase de interesarse por ella y así pasó a ser la prenda de moda entre las mujeres de clases sociales menos favorecidas. Solían ponérselo doblado en pico y sobre los hombros (como si fuese un chal o una toquilla) o bien anudado en la cadera.
Muchos pintores y artistas de todos los tiempos han sabido apreciar la belleza de los mantones de manila y es fácil verlos retratados en multitud de cuadros. Como estos tan bellos de Sorolla y Julio Romero de Torres.
O, sin duda, este precioso puzzle que puedes montar tú mismo.
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Historia
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