Cuando los puzzles eran mapas
Tanto los alumnos, que agradecían aprender una materia tan compleja como la geografía de una forma tan divertida, como los padres, que veían como sus hijos progresaban en la asignatura, como las escuelas cercanas, vieron en estos mapas cortados un gran potencial, y enseguida este invento se convirtió en un auténtico éxito.
En un primer momento, se crearon los cuatro continentes: Europa, África, Asia y América (no es que nos hayamos confundido, es que en aquella época, solo se conocían estos cuatro), y también formó los rompecabezas de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. El invento recibió el nombre de “mapas diseccionados” y así es como se popularizó.
Los mapas diseccionados fueron un auténtico filón y su creador decidió crear su empresa de fabricación y venta de puzzles. Contrató a un ayudante, Harry Ashby, para que le ayudase con la elaboración de los mapas, ya que era una tarea artesanal bastante laboriosa que requería hacerlos uno a uno, pegar el mapa y cortarlo después con una segueta, o sierra especial para este tipo de láminas de madera.
Apenas tres años después de mostrar al mundo su creación, Spilsbury fallece de forma repentina en 1769 a los 30 años. Su ayudante Harry Ashby, que ya sabía cómo funcionaba el negocio, y su viuda Sarah May se harían cargo de la empresa, continuando con la fabricación y venta de los puzzles. Tiempo después de la muerte de Spilsbury, la relación de Sara y Harry pasó a ser algo más que laboral y decidieron casarse.
Ya en el siglo XIX, otras compañías empezaron a comercializar también este tipo de mapas diseccionados, y el invento siguió creciendo, proliferando y convirtiéndose en un exitoso producto. De hecho, comenzaron a introducirse otro tipo de imágenes, dejando de ser puzzles exclusivamente de mapas y dando paso a otras temáticas. Este es el momento en el que comienzan a denominarse, en inglés, jigsaw puzzles.
Más adelante, en el año 1900, el troquelado se hizo de forma industrial, de forma que se abarataron costes y se mecanizó la labor. Además, se comenzaron a crear sistemas para que las piezas encajasen mejor y los puzzles no se desarmasen con tanta facilidad, lo que mejoró su conservación una vez montados. También empezaron a realizarse en cartón en lugar de madera únicamente. Todas estas mejoras y avances permitieron que este juego se extendiese a todas las clases sociales, no únicamente a las clases altas o aristocráticas.
De hecho, durante la Gran Depresión los puzzles vivieron su máximo auge, y es que el coste era bastante accesible y permitía entretener tanto a niños como adultos, de forma que las familias aliviaban así la terrible realidad de la crisis, juntándose durante horas entorno a un rompecabezas.
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